DERECHOS PRIVADOS Y PÚBLICOS: UNA CONVIVENCIA NECESARIA

Sin adentrarnos en comentar disquisiciones de otra naturaleza, la reciente tragedia acaecida en los Alpes franceses -como consecuencia del accidente sufrido por el avión de la compañía alemana Germanwings- lleva a las primeras páginas de los periódicos y a las noticias de cabecera de los diferentes medios de comunicación un debate no resuelto o, en el mejor de los casos, solventado de manera insuficiente. Me refiero a la necesaria convivencia que debe existir entre el derecho inviolable a la intimidad de cada uno de nosotros y el que nos corresponde como miembros de la sociedad en la que vivimos, en un entorno en el que los ámbitos individuales y colectivos forman parte de un todo.

Es de sobra conocido que el desempeño de distintas -y numerosas- profesiones afecta muy directamente a la seguridad y, en consecuencia, a la vida de las personas. Prácticamente todos los días, y sin reparar en ello, nos “ponemos en manos” de trabajadores que, sobre la base de circunstancias de lo más variopintas, pueden encontrase -en un momento o periodo de tiempo dado- en unas condiciones inadecuadas para llevar a cabo su actividad profesional a plena satisfacción.

En este contexto cabe hacerse varias preguntas. ¿Con que rigor se aplica la especialidad de Medicina del Trabajo en las empresas: la vigilancia de la salud es específica para cada puesto de trabajo; se abordan en ella los aspectos psicosociales? ¿Hasta que punto debe respetarse el derecho a la intimidad de las personas: tiene que existir, en casos concretos, una comunicación directa entre la medicina asistencial y la empresa en la que determinados profesionales presten sus servicios sobre las posibles disfunciones en la salud que los mismos puedan sufrir?

La realidad es tozada y nos descubre situaciones en los que anteriormente no habíamos reparado e, igualmente, hace que nos replanteemos posiciones que pensábamos que estaban fuera de cualquier discusión. En el caso que nos ocupa, parece que no hay discrepancias sobre la exigencia referida a que, durante todo el vuelo, haya otra persona de la tripulación presente en la cabina de mandos, además del piloto o el copiloto. No obstante, existe un cierto debate sobre la conveniencia de poder bloquear la apertura de la puerta de acceso a la citada cabina desde el interior de la misma. Por cierto, esta es una de las medidas técnicas que se introdujeron para mejorar la seguridad en la aviación comercial, tras analizar las múltiples causas que hicieron posible que se perpetraran los atentados ocurridos el día 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos de América. Ahora, tras lo acontecido en el mencionado vuelo de Germanwings, está estudiándose la oportunidad de mantener dicha medida dado que, en su día, no se tuvieron en cuenta algunas de las hipótesis que se han presentado en este último caso. Como se puede deducir, queda clara la similitud entre el proceso de análisis de este tipo de incidentes y los que suceden en el mundo laboral.

Mi incapacidad técnica no me permite aportar una opinión mínimamente versada sobre lo antes apuntado. Por el contrario, sí me aventuro a poner de manifiesto las ineficiencias existentes en el marco de la vigilancia de la salud laboral, en general, y en el terreno de sus aspectos psicosociales, en particular. Considero que nos encontramos ante uno de los campos más olvidados en lo que a la prevención de los riesgos laborales se refiere, y que ya va siendo hora de que pasemos de la protección “primaria” y reactiva a la prevención cualitativa que exige el siglo XXI.

Por lo que se refiere a la oportunidad de establecer, en casos específicos, un canal de comunicación inmediato entre la medicina asistencial y la empresa que en cada caso corresponda para hacerle participe -cuando proceda- de las incidencias observadas en el entorno de aquélla, me inclino por emprender la puesta en práctica de tal posibilidad respetando, al máximo posible, la intimidad de las personas afectadas.

       Luis Rosel. Asesor de dirección de G.a- Consultores