COACHING PARA LA VICTORIA

Así titula Sir John Whitmore, uno de los principales impulsores del coaching en el mundo, un apartado de su libro “Coaching. El método para mejorar el rendimiento de las personas”, cuando expone los beneficios del coaching.

Explica que el coaching deportivo está empezando a abandonar sus raíces conductuales y que los entrenadores van dejando progresivamente su estilo autocrático y centrándose más en la persona que en la técnica, en el potencial más que en el error.

Es una observación interesante, pero ¿realmente es así? ¿Los entrenadores no dicen continuamente a los jugadores lo que tienen que hacer? ¿Y los jugadores no esperan que les digan lo que se espera de ellos?

Antes de responder a estas preguntas, veamos cómo argumenta Whitmore la conveniencia de lo que llama: estrategia centrada en el jugador.

“Esta estrategia da lugar al estado mental que es un prerrequisito para el aprendizaje natural, para que aparezca la eficiencia biomecánica, en lugar de una técnica prescrita e idéntica para todos”.

Como ejemplo de la utilidad de esta estrategia, nos remite al éxito extraordinario que alcanzaron los ciclistas británicos en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008. Y afirma que su director de rendimiento, Dave Brailsfor, explicó:

Siempre he creído firmemente en la zanahoria, no en el palo. No creo en la humillación, la dictadura o el control; creo que se trata de guiar y de apoyar.

Otro ejemplo más que propone de alcanzar el éxito a través de esta estrategia es el siguiente:

El entrenador de un equipo de rugby galés y posteriormente también un entrenador de fútbol inglés me explicaron dos historias muy parecidas que reflejaban una observación que, según Tim Gallwey, los había llevado al juego interior hacía ya tantos años. Tim dijo acerca de sus alumnos de tenis: «Me di cuenta de que cuanto menos les enseñaba yo, más aprendían ellos». Los dos entrenadores deportivos me explicaron situaciones en que, por distintos motivos, sus equipos habían tenido que depender de sí mismos la semana previa a un partido importante, en lugar de poder dedicarse a los habituales entrenamientos intensivos. En todas esas ocasiones, mostraron su mejor juego y obtuvieron los mejores resultados de toda la temporada.”

 La clave del éxito estaría en que los jugadores tuvieron que responsabilizarse de la preparación y del rendimiento: en esto consiste la estrategia centrada en el jugador.

El estilo tradicional de liderazgo centrado en la planificación y en la organización, preocupado por dirigir y controlar, basándose principalmente en el pensamiento lógico e interpretando cualquier imprevisto como un caos, puede que no sirva para enfrentarse a los nuevos retos actuales.

Entrenar implica guiar personas, pero la excelencia en esta función requiere comprender nuestras reacciones emocionales y las de nuestros jugadores, así como las variables que influyen en el juego.

Liderar utilizando el coaching consigue establecer puentes de conexión entre los objetivos de los entrenadores y jugadores, favoreciendo el desarrollo personal y deportivo.

Así, la función principal del entrenador es la de conseguir que se obtengan los resultados esperados a través de la involucración positiva de los jugadores. Y para conseguir esto el coaching es una herramienta fundamental ya que valora a las personas y su capacidad de autogestionarse.

Esto es lo que facilitamos desde Ga Consultores para los equipos de trabajo: mayor implicación, mayor autogestión y mayor rendimiento en un ambiente de satisfacción y responsabilidad.

COACHING. EL MÉTODO PARA MEJORAR EL RENDIMIENTO DE LAS PERSONAS.

Estas son las historias a las que hemos hecho referencia en el artículo “Coaching para la victoria” sobre los dos entrenadores de un equipo de rugby y otro de fútbol que John Whitmore describe  en su libro.

Richard Hodges con su equipo de rugby, los Glamorgan Wanderers:

“Los Glamorgan Wanderers solían ocupar siempre los puestos intermedios de la clasificación y se acercaban ya a los dos últimos partidos de la liga galesa en 2008. El primero era fuera de casa y entre semana, y los jugadores tenían también trabajos convencionales, así que el entrenador los «cuidó, tomó todas las decisiones por ellos y apenas les dejó respirar». El partido fue un desastre.

Para el último partido, el equipo técnico decidió adoptar la táctica opuesta: la estrategia centrada en el jugador. Dijeron a los jugadores: «A no ser que haya problemas, no nos veréis el pelo. Podéis prepararos para el partido de la manera que consideréis más adecuada. Si queréis pasaros el día en el bar, podéis hacerlo». Inevitablemente, algunos se sintieron muy incómodos; decidieron que seguirían entrenándose, pero diseñaron los entrenamientos ellos mismos. El día del partido, finalizada la primera mitad, perdían por doce a quince, y fue el capitán del equipo, no el entrenador, quien dio las instrucciones en la pausa. Salieron y jugaron el mejor partido de la temporada y, contra todo pronóstico, ganaron por treinta y cuatro a quince. Fueron unánimes a la hora de atribuir el éxito a que habían asumido la responsabilidad total sobre su juego.

Tony Faulkner, entrenador de rendimiento de la academia del Blackburn Rovers F. C.

“Cuando nos preparamos para un partido, prestamos atención al estado emocional del equipo y somos muy conscientes de la influencia positiva o negativa que puede ejercer sobre los jugadores.

Hubo un partido concreto para el que no pudimos entrenar entre el lunes y el jueves, y sólo pudimos hacer una sesión d preparación mental el viernes por la tarde. El equipo de entrenadores estaba preocupado por haber llegado al partido con tan poca preparación técnica, táctica y física. Ganamos por tres a cero y el juego fue espectacular.

Tres semanas más tarde, nos encontramos en la misma situación: no habíamos podido entrenar en toda la semana y la sesión de preparación mental del viernes por la tarde fue muy breve, aunque también muy precisa. El equipo de entrenadores mostró las mismas preocupaciones que la vez anterior. Ganamos por cuatro a cero, de nuevo con un juego muy bueno. Y esto hizo que empezáramos a pensar: los jugadores no se habían visto expuestos a ninguna interferencia ni a las expectativas del entrenador en la preparación para el partido. Debemos entender el equilibrio entre las interferencias a que puede dar lugar el estilo de entrenamiento más prescriptivo y la influencia positiva que el coaching puede ejercer sobre el rendimiento.”

Eduardo Lazaro Ezquerra. Psicólogo y Socio de G.a-Consultores

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