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Mi primera lección de prevención de riesgos laborales.

Mi primera lección de Prevención de Riesgos Laborales (PRL) la recibí de mi padre cuando tenía unos 14 años. Siempre la he recordado y me ha servido en mi trabajo y en mi vida personal.

Fue en Vitoria en los años 70. Mi padre era el Inspector Jefe de la Policía Municipal y en una obra del Ayuntamiento de remodelación de una pequeña plaza céntrica de la ciudad ocurrió un accidente con resultado de muerte de un trabajador atropellado por un camión que circulaba marcha atrás mientras trabajaba en una zanja.

Recuerdo que ese día cuando llegó a casa por la tarde estaba bastante afectado. Nos contó que era una desgracia que se podía haber evitado. Que había fallado la coordinación, la protección, la señalización, … También recuerdo que en un momento de especial emoción dijo algo así: “Sencillamente, si el trabajador hubiera estado trabajando de frente al camión y no de espaldas a él, probablemente le hubiera dado tiempo a apartarse. Y sin embargo, ahora tenemos que lamentar la muerte de un hombre que deja una familia”.

Al analizar la situación, lo primero que pensé fue: ¿Por qué le preocupaba tanto a mi padre que hubiese muerto un trabador que ni siquiera conocíamos? Después comprendí que la vida humana tiene valor por sí misma y no sólo por el grado de relación que tengamos con la persona en cuestión. Mi padre ya lo sabía, en ese momento.  

También recuerdo que parecía que no estuvieran preparados, en general, para prevenir estos accidentes. Analizando posteriormente lo que ocurrió, es fácil advertir que no tenían experiencia, formación, conocimientos técnicos, etc. y que las medidas de protección brillaban por su ausencia.

Seguramente desde el Ayuntamiento como promotor de la obra, pasando por la empresa constructora, el jefe de obra, el conductor y el trabajador, todos, absolutamente todos, hubieran tenido algo que aportar para que el accidente no se hubiera producido.

Pero, centrándonos en lo que es mi campo de trabajo hoy, como psicólogo, al recordar mi primera lección de PRL, me quedo con varios aspectos interesantes que calaron en mí, y que como he comentado antes, me han servido en mi actitud preventiva en mi experiencia laboral y personal.

·         El primero es el valor de las personas, de su salud y seguridad en el trabajo.

·         El segundo es la fuerza de una mentalidad de aprendizaje no culpabilizadora.

·         El tercero es la importancia de la preparación técnica.

·         El cuarto es la necesidad de trabajar en equipo.

  

En GA Consultores sabemos  que generar una cultura preventiva en las empresas es absolutamente necesario para alcanzar resultados en PRL. Y esto pasa por conseguir actitudes personales preventivas mediante experiencias, conversaciones, ejemplos, audiovisuales que muevan las emociones de la misma forma que ocurrió en mi primera lección de PRL.

Toda mejora que nos propongamos, basada en un proceso de aprendizaje, debe comenzar en un nivel emocional, continuar con una racionalización del conocimiento, aplicarse en el día a día mediante los procedimientos y, por último, interiorizarse como un automatismo, llegando a ser parte integrante de la persona y de la empresa. Por eso, entendemos que es necesario conocer cómo funciona la motivación en las personas para conseguir que se impliquen en la PRL.

Desde entonces, he recibido muchas lecciones de PRL y siempre he podido comprobar que las que me llegan emocionalmente y me motivan para actuar son las que más valoro y las que mejor recuerdo.