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Calma chicha…

La “calma chicha”…

Y justo después es prácticamente imposible no escribir los puntos suspensivos, porque así es la calma, y sobre todo la chicha… un estado de suspensión.

Vivir la calma en la empresa es casi más difícil que vivir el frenesí. La sensación de poca actividad hace que la maquinaria humana se frene, se relaje y sufra una distensión poco deseable. Pero caer en este círculo vicioso no es nada recomendable, siempre hay tareas que llevar a cabo en los días “valle”:

  • Concebir nuevos productos o servicios
  • Buscar nuevos clientes
  • Retomar clientes antiguos
  • Analizar y hacer balance de proyectos ya cerrados.

Y es que ya se sabe que después de la tempestad viene la calma, y después de la calma… Pues obviamente la tempestad.