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Obsolescencia programada

La obsolescencia programada puede definirse como la reducción deliberada de la vida útil de un producto para aumentar y fomentar su consumo. En resumen, la lucha del negocio contra la tecnología, y de la moral contra el capitalismo. El término comenzó a acuñarse cuando Thomas Alva Edison se propuso diseñar una bombilla que durase el mayor número de horas posible. Al poco tiempo, un grupo de empresarios consideró que no era rentable fabricar tales productos porque frenaban el consumo, es decir, que la gente no adquiría nuevas unidades porque las viejas no se estropeaban. Comenzó a diseñarse entonces pensando en cuánto resultaba rentable para la empresa que durasen sus productos Frente a esta realidad conviene realizar una reflexión: ¿puede resultar rentable para una empresa ofrecer un producto o servicio que no tenga la fecha de caducidad marcada según sale del horno? Vamos a romper una lanza en favor del SÍ. Ofrecer al cliente un producto que perdure le transmite varias sensaciones:

  • No se siente “engañado”
  • Le crea la necesidad de adquirir nuevos productos al mismo proveedor
  • Le permite crear un cimiento firme para su propia actividad
Por ésto, creemos que ofrecer servicios perdurables es factible aún cuando todo nuestro entorno parece transmitir lo contrario.