Para las personas que trabajan en profesiones creativas, en las que el talento y el conocimiento son factores clave de su día a día, existen 3 incentivos que marcan o deben marcar su modus operandi.
1. Autonomía. La tan famosa y deseada frase de que ?no hay nada mejor que ser tu propio jefe? pasa, inevitablemente, por alcanzar un nivel de autonomía suficiente para organizar y gestionar nuestra actividad. Pero si elevamos este concepto a la máxima expresión, nos daremos cuenta de que también podemos ser autónomos respecto a la ubicación física donde la desarrollamos.
En un mundo donde la tecnología ha conseguido eliminar las distancias, ¿por qué no pensar que podemos desarrollar nuestra profesión sin la atadura de tener que acudir y/o estar en un lugar determinado? ¿A caso la presencia en el puesto de trabajo justifica la actividad o un grado de implicación mayor con ella? Lo que hace que se cumplan los objetivos, y de un modo diferenciador y de calidad, es la responsabilidad y constancia en el trabajo, independientemente del punto desde donde lo hagamos.
2. El buen hacer. Convertirse en una persona de reconocido prestigio, en un determinado campo, no es algo que se consiga de la noche a la mañana. Debe considerarse como un objetivo a largo plazo, una meta final y a la vez diaria de nuestra vida laboral. Sin duda en este punto debe estar presente una formación continuada y de calidad, un reciclaje continuo que permita desarrollar nuestras habilidades basadas en unos conocimientos técnicos sólidos que nos transformen en un creativo de éxito.
3. Un objetivo loable. Podríamos dar muchos ejemplos de personas que mantienen en mente un objetivo por el que luchar. Unos son muy conocidos y otros totalmente anónimos: desde aquel programador que, terminada su carrera tiene el sueño de empezar a montar su propia empresa y la convierte en la mayor multinacional, hasta aquellos que colaboran en ONG?s de una forma especialmente motivadora, o los investigadores que se fijan un objetivo a largo plazo y avanzan pasito a pasito. Tampoco debemos olvidar a los que se alejan de la seguridad de un trabajo asalariado, para convertirse en freelance y continúan creando hasta dar con la idea acertada.
En resumen, estos 3 factores (y alguno más) inmersos en un ambiente emocional e intelectual deben ser considerados por empresas y profesionales.
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Fuente: David Torné.






